RED DE ARTES VISUALES 2017

Prácticas curatoriales: Hacia una pedagogía colectiva

Red de Artes Visuales 2017. Alianza Museo de Antioquia y Piso Alto

Aprender y descubrir el mundo desde las narrativas curatoriales

Los seres humanos aprendemos por instinto. Desde que nacemos, nos vamos apropiando del mundo que nos rodea y conociéndolo desde el placer que produce la curiosidad hacia lo desconocido y la imitación de acciones y reacciones que nos son cercanas, y a medida que crecemos y que nuestras maneras de comprenderlo se complejizan, llegando por momentos a estados de lucidez desde los cuales construimos para nosotros mismos verdades absolutas, es necesario automotivarnos con nuevos mecanismos que nos permitan no dejar morir la capacidad de querer conocer más y abordar la vida desde diferentes perspectivas.

El aprendizaje continuo nos es natural, pero está en directa relación con los estímulos que nos provea nuestro entorno y la construcción personal que logremos desarrollar para hacer lecturas y descubrimientos del mismo. Vamos conociendo, interiorizando y elaborando desde la percepción las ideas que formamos sobre lo que nos rodea y podemos vivenciar, en la medida que contamos con una serie de estrategias y herramientas que nos permiten desplegar nuestras propias maneras de abordar el flujo de información que recibimos en nuestro cotidiano en relación a los intereses que tenemos en la vida.

A lo largo de las diferentes etapas (ciclos vitales de aprendizaje) que vivimos y dependiendo de las circunstancias sociales, políticas, económicas, históricas, culturales y ambientales, tenemos todo un backup de experiencias que nos permiten ir potenciando la individualidad y características propias o bien, que la diezman. Somos y nos constituimos, en la medida que percibimos el mundo, que éste nos atraviesa, lo sentimos y nos convertimos en una parte inacabada de él. Ninguno de nosotros siente el mundo igual a alguien más, y por ende, no lo pensamos o concebimos de la misma forma; podemos tener puntos de convergencia en el encuentro con el Otro, pero nuestras construcciones mentales a su alrededor, siempre serán distintas.

En espacios de aprendizaje y de acuerdo a su propio sistema instaurado, cada persona comprende los fenómenos del mundo con base a esas experiencias que hacen de la vida, una propia. Aprendemos –sobre todo- de esas experiencias, de ese mundo sensible (de los sentidos) que pasan por nuestro cuerpo y que luego nuestro cerebro es capaz de decodificar y convertir en todos los tipos de pensamiento para los que estemos preparados (lógico, intuitivo, deductivo, analítico, creativo, crítico, divergente, etc.), traducibles a la formalidad en que el ser humano ha clasificado y nombrado el mundo; o las nuevas maneras en que puede hacerlo.

Cada uno de nosotros crece en todas las dimensiones de su Ser, impulsado por su propia motivación y curiosidad para comprender la complejidad en que vive; y en esta misma vía, cada persona se pone sus propios límites cuando identifica hasta dónde quiere llegar en términos de sus propios intereses y necesidades. Así pues, el aprendizaje se convierte en un vehículo para acceder al conocimiento del mundo, que se frena o mantiene continuo, a placer de cada sujeto; que se experimenta transversalmente en cada simple acto de la cotidianidad, en cuanto se logra una reflexión del mismo que permite el crecimiento y la resolución o apertura de interrogantes. El aprendizaje es continuo a lo largo de la vida, cuando las personas encontramos constantemente razones –internas o externas- para reconfigurar una y otra vez el mundo que creemos conocer y lograr encontrar otros posibles diferentes puntos de vista, y no nos quedamos con las verdades absolutas que construimos desde lo socialmente correcto o lógico. Desarrollar esta capacidad de automotivación, es tal vez la base más importante para la formación de los seres humanos; pues nos asegura una dosis inagotable de pasión por ir más allá de lo evidente.

En relación a lo anterior, sería posible comprender que los formatos de la educación tradicional que pretenden educar seres humanos que aprenden de manera desintegrada (desde cada área del conocimiento), sin ninguna relación con su experiencia cercana y vacíos de mecanismos que les permitan fusionar sus intereses personales con la práctica y construcción del conocimiento, están fallando y no nos permiten pensarnos en nuestros propios contextos y épocas, y como colectivo.

De ahí, que exista la necesidad de buscar en los diferentes campos del conocimiento y sus herramientas nuevos formatos pedagógicos fuera del rango de la normatividad, de lo “normal, usual o correcto”, para el desarrollo de procesos de formación integral que trasciendan y se instalen en la vida de las personas. La curaduría, para el caso particular, puede concebirse como una de estas puertas que se abre para ahondar en tan diversos temas como se quiera, a razón de ser un campo fértil para la producción de conocimiento, experiencias y aprendizajes, de manera individual y colectiva. Un campo que, aunque ligeramente conocido en nuestro contexto, configura el mundo de acuerdo a parámetros personales puestos en relación con el afuera, con el Otro y con las tensiones que allí se generan; y que prepara a las personas para compartir ideas y pensamientos con el Otro que están en procura de la construcción de lazos sociales desde el intelecto, el afecto y la comunicación.

Le apostamos entonces a que la formación integral de las personas no se pretenda resolver desde fórmulas anquilosadas que buscan mantener modos de operar competitivos, deshumanizados y netamente cognitivos, sino que busquemos en todas las esquinas de la inteligencia humana para ir fusionando pedacitos que nos sirvan en pro de resolver prontamente, la notable urgencia que tenemos de permitir que cada persona aprenda, construya, modele y viva la vida de acuerdo a su esencia única, y que la llama de seguirse conociendo a sí mismo y al mundo que le rodea, no se apague nunca.

Articulación de saberes

Generalidades

Las artes y el poder: El status cultural

La expresión del mundo interior humano, es una necesidad que puede rastrearse hasta los orígenes de lo que hoy llamamos civilización. Un acto espontáneo, resultado del desarrollo de la conciencia individual frente a un mundo grande y complejo. Si se presenta el arte como esta representación de la individualidad, una especie de resistencia al entorno; es posible aceptar el surgimiento de ciertas “individualidades” privilegiadas, que resaltaban por sus habilidades técnicas o su facilidad para expresar este mundo interior de una manera que lograba empatizar con el mundo interior de otros. En otras palabras una forma universal de lo individual. Digamos entonces que son llamados artistas, también que apreciar y poseer sus creaciones se volvió una práctica exclusiva de las personas que podían pagar por ello. La historia del arte, es una historia contada desde la relación con el poder. Por un lado desde los artistas y movimientos que se referencian en ella -la historia- y por otro desde el lugar que ha sido contada.

Máquinas de grabación/reproducción y la decadencia de los formatos de las artes plásticas.

La invención de dispositivos para el almacenaje/reproducción de sonidos e imágenes potenciaron la popularidad de ciertas prácticas culturales. Es innegable que la radio impulsó la música y con ella, la industria discográfica y en pocos años desplazó a esta manifestación artística de ser un privilegio de élites a un asunto popular donde más personas podían acceder.  El cine, por otro lado, fue un lenguaje de masas –su apreciación, nunca su creación- Este formato desde su estructura misma permite la reproducción virtualmente infinita, reproductibilidad técnica como diría Benjamin.

El siglo XX fue sin duda el siglo de la imagen. Desde la aparición de una forma sencilla y confiable de reproducir la realidad, por ejemplo la fotografía básicamente establecía que, para registrar fragmentos del mundo no se necesita ser virtuoso, sólo obtener un dispositivo y comprender la operación de este. Los medios tradicionales de representación como el dibujo o la pintura empezaron a sentirse obsoletos. Surgen un montón de movimientos a lo que se le denomina vanguardias que buscaban, en general, una finalidad del arte, relacionada con posturas filosóficas, realidades sociales y otros factores. La pregunta central del periodo de las vanguardias es ¿para qué sirve el arte? Esta paradoja de ser el siglo donde aparece la imagen como narrativa social y cultural y, a la vez, se vive una crisis dentro las artes visuales confrontada con sus prácticas y su lugar dentro de la cultura, desencadenó en un encanto por las ideas. Los medios de formalización pasaron a un segundo plano. En la discusión de forma y contenido, era este último el que debía interesar a los artistas. Representar fielmente era algo anacrónico. La habilidad técnica fue desplazada por la construcción de gestos, actos, símbolos. La posproducción como práctica artística válida y ampliamente difundida.

En este panorama de nuevos caminos y ejercicios artísticos, se produce un nuevo alienamiento de las artes visuales respecto a la sociedad, ahora no determinado por la capacidad adquisitiva sino por la encriptación que implicaban estas nuevas búsquedas: privilegiar y expresar las ideas sin una materialidad que necesariamente corresponda.

Lo curatorial como categoría (cerrada)

La curaduría como disciplina se inscribe en el arte contemporáneo justo en este escenario, como intento de reunir, comunicar, interpretar y poner en escena manifestaciones muy diferentes entre ellas, pero que seguían denominándose ARTE y necesitaban de alguna guía espiritual e intelectual para ser comprendida.

Parecería que la curaduría podría ser ese puente entre el arte y las audiencias, pero no. El ejercicio curatorial se desarrolló como un campo específico, de difícil comprensión y delegado a intelectuales capaces de tener una visión global de obras, artistas, espacios y demás. La figura curatorial fue un eje alrededor del cual orbitaban discursos, artistas, galerías, museos y otros agentes del arte contemporáneo. Con la inserción de la curaduría, no sólo como disciplina sino como profesión, es decir validada y difundida por la academia, se “formaron” una gran cantidad de curadores para museos y otras instituciones oficiales, lo que generaba la necesidad de ampliar los horizontes, revisar las prácticas de la disciplina y sobretodo posibilitar el acceso a nuevos públicos.

 

La curaduría y los curadores, en su esencia práctica, se especializan en encontrar historias, crear narrativas y poner en escena dispositivos de pensamiento, a través de la selección y relación de objetos y conceptos que orbitan alrededor de un tema de su interés. Sin embargo, y tal como lo muestran las prácticas curatoriales de los últimos tiempos, se ha dado un giro hacía la desobjetualización de los eventos artísticos concibiendo que “(…) el arte de la curaduría reside en la capacidad de captar los potenciales inherentes a la magia de los encuentros sociales y el poder para activar estos potenciales en el hecho de facilitar manifestaciones culturales colectivas. El medio de este arte es la comunicación. Curar tiene que ver con “nombrar las cosas para que existan”, no sólo exposiciones o eventos sino las relaciones sociales de las cuales surgen tales manifestaciones, a través del esfuerzo de crear y mantener los canales de comunicación entre las partes implicadas(…)”. [O’Neill, Paul/ Wilson, Mick (2011) Curating and the Educational Turn, P. 24]

El curador entonces, toma forma de DJ o de director de orquesta que facilita una exploración construida a partir de elementos ya presentes y por medio de la participación, las experiencias e historias de las personas involucradas, que dejan de ser una audiencia pasiva separada del arte, para convertirse en sus colaboradores. Desde este punto de vista nos interesa comprender la práctica curatorial: como plataforma de pensamiento y experiencia, encuentro e intercambio, construcción y reinterpretación en el ámbito del ser social que es cada persona, que posibilite tanto a quien crea historias como a quien las recibe, un espacio para descubrir el mundo desde la complejidad de relaciones que cada quien encuentra en sí mismo. Esto, en un radio más amplio que el del mundo del arte, que nos lleva a comprender la labor curatorial, como una que se encuentra en función de la naturaleza humana que busca hacerse preguntas sobre un qué puntual, que luego elabora para comunicar a través de un cómo preciso y en relación a un en dónde.

Prácticas

De aquí partimos

Es importante iniciar mencionando la distinción entre curaduría y prácticas curatoriales. La primera hace referencia a la disciplina que engloba su historia, su desarrollo y la comprensión global del campo del arte contemporáneo. Por otro lado asumir el fenómeno curatorial como una serie prácticas que permiten expandir el concepto a la idea de, por ejemplo, una plataforma comunicativa, dialógica, reflexiva, colaborativa y visibilizadora, desde la cual se pueden poner en común diferentes fenómenos.

Partiendo de esta comprensión se puede narrar el proceso desarrollado en los ejercicios formativos en el marco del proyecto de visibilización de la Red de Artes Visuales. Enfocamos nuestro trabajo territorial a grupos, colectivos de líderes de proyectos en curso en el territorio, estén o no, relacionados con las artes visuales. Pues ahí la flexibilidad de las prácticas curatoriales permite que algunas metodologías sirvan de excusa para un encuentro dialógico donde se comparten ideas, intereses, información e incluso caprichos. Se ponen en interacción con la esperanza de fortalecer procesos y tener una perspectiva de los desarrollos, en este caso territoriales, de interacción con la comunidad.

Acercar los lenguajes curatoriales

La primera fase de los laboratorios es una contextualización general de la curaduría a través de un recorrido histórico de la disciplina y de la palabra. Se ubica a la curaduría dentro del universo arte, pero también fuera de él ejemplificando procesos parcialmente relacionados por ejemplo clasificación, edición, cuidado. Intentar ver el ejercicio curatorial como no únicamente un ejercicio intelectual, sino, que requiere hacer otro tipo de asociaciones o construcciones a partir de otros lugares del conocimiento, como lo inconsciente, el azar, la intuición, las emociones.

 

(El curador como mediador definición colectiva, ciclos formativos. I. E. Fe y Alegría Barrio Popular 1)

Los manuales

Otra licencia de asumir el ejercicio desde las prácticas curatoriales, es que se pueden deducir algunas metodologías de producción aplicables a diversos fenómenos. Usamos los manuales como estrategia para la replicabilidad y el empoderamiento. Es importante aclarar que es bienvenida y recomendada la indisciplina, que los instructivos son sólo guías generales, una forma de empezar, un camino, pero cada proceso que se enmarca dentro de las prácticas curatoriales es siempre diferente, depende de las personas allí involucradas, sus estados de ánimo, conocimientos, intereses y perspectivas.

ciclos formativos. I. E. Fe y Alegría Barrio Popular 1

Las guías planteadas están enfocadas a diferentes fases de procesos investigativos y de reflexión. Los contenidos están pensados para ser aplicados fácilmente, así:

– Estrategias de recolección información: Tomadas de diversos campos, las ciencias sociales, el arte, las comunicaciones y otras. El registro fotográfico, la descripción a través de la escritura, la recolección de objetos relacionados, el rastreo de prensa, material de archivo, el registro sonoro y otros.

  – Ejercicio de narración con objetos: Actividad donde se pide desarrollar una narrativa a partir de objetos que tengan en los bolsillos y una ficha de papel donde se puede escribir una palabra relacionada a cada objeto.

ciclos formativos. I. E. Fe y Alegría Barrio Popular 1

 

 

– Metodología de la montaña: Estrategia de síntesis de información en la que se va decantando como en un filtro los elementos comunes que existen en un fenómeno a analizar.

– La dimensión del espacio: Se propone un ejercicio que permita reflexionar sobre el espacio tomado http://kitschic.net/proyectos/libro-casa/. Se plantea, a partir de unos cortes y dobleces de un papel, un espacio tridimensional donde se disponen diferentes elementos con una intención narrativa.

Ciclos formativos. Casa de la Cultura Popular 1

 

– Roles en proyectos curatoriales: Se presentan algunas funciones recurrentes dentro de proyectos curatoriales como producción, museografía, diseño, montaje, comunicaciones, mediación, formación y registro.

 

– Palabras y citas inspiradoras: Se eligen algunas citas sobre la curaduría y algunas palabras que sirven de provocadoras en los ejercicios de conceptualización y desarrollo de proyectos.

Una exposición constructiva

Lo transdisciplinar en la visibilización, circulación y apropiación social de procesos artístico-culturales

Son diversas las modalidades de trabajo de artistas durante estos años en la Red de Artes Visuales; desde prácticas del arte, intervenciones con comunidad, proyectos pedagógico–artísticos hasta proyectos de ciudadanía, todo esto con el fin de vincular el arte como herramienta de transformación social en distintos territorios de la ciudad de Medellín.

Durante estos años es evidente el lugar de lo artístico como experiencia creadora en la construcción de comunidad donde el artista se ha convertido en mediador o facilitador de procesos para que la comunidad participe y reflexione sobre sus propios territorios con la intención de movilizarse hacia un objetivo o generar simplemente un sentimiento de comunidad.

Es en esta revisión del papel del artista y la desmaterialización de la obra como objeto donde se hace importante preguntarse sobre el formato expositivo y la sistematización, archivo y memoria como parte del proceso con comunidades específicas.

Nuestro interés inicial estaba situado en la visibilización de la Red De Artes Visuales de Medellín, como un proyecto estratégico de construcción de ciudadanía a partir de modelos pedagógicos diseñados desde y con prácticas artísticas. Para ello nos propusimos la construcción de una línea de tiempo del devenir de la RAV que sirviera como insumo para entender de manera panorámica los procesos.

El primer hallazgo de esta iniciativa fue que en realidad, pocas personas tenían una visión global de la historia de la red, lo que implicó el levantamiento de información a partir de fuentes heterogéneas, archivos administrativos de las instituciones, publicaciones anuales, material audiovisual e incluso relatos de los mismos actores de la red en cada época, interventores, coordinadores, docentes y participantes.

Entrevista Mónica Molina Saldarriaga, 14 de Julio del 2017. Coordinadora Académica en los años 2010 y 2011 cuando el Instituto Tecnológico Metropolitano operó la Red de Artes Visuales.

 

Cuatro han sido las instituciones que han operado la RAV durante sus catorce años de existencia, hasta 2011 todas estas usaron de base la estructura de talleres artísticos desde la técnica establecidos por el primer operador Bellas Artes, sin embargo, cada institución se concentró en un enfoque particular según sus posibilidades e intereses, centrando la atención en su propia gestión, dificultades y metas.

Con la particularidad de que los actores y aliados son sumamente diversos y fluctuantes, instituciones educativas, bibliotecas,centros culturales y algunas iniciativas comunitarias. La mayoría de estos aliados son espacios oficiales y la red está supeditada a sus públicos así que respecto a la construcción de redes relativas a artes visuales en las comunas este paso en que se unen Piso Alto y Museo de Antioquia es una oportunidad para dirigir la mirada hacia otros públicos como las iniciativas culturales independientes (de las cuales se realizó un mapeo) para fortalecerlas y estimular las sinergias y conexiones entre ellos.

En sus inicios 2004, la red fue operada por la Fundación Universitaria Bellas Artes, esta se apoyó en los procesos o conocimientos adquiridos en campo por otras redes -música- para el contacto con las comunidades, bajo el objetivo de construir red en la ciudad. En 2008 la RAV pasa a ser operada por la Universidad de Antioquia la cual se enfoca en la consolidación de las comunicaciones, tanto desde la identidad visual de la red, como desde el fortalecimiento de procesos comunitarios de comunicación social. Para 2010 el Instituto Tecnológico Metropolitano operó la red con un ligero viraje en el enfoque en el que se empezó a pensar en la relación existente entre las prácticas artísticas y los procesos pedagógicos y educativos. Cabe resaltar que todas estas instituciones son espacios universitarios lo cual significa que sus puntos de enunciación están situados en discursos académicos más o menos estructurados. Y esta es precisamente la diferencia más radical existente entre los operadores anteriores y Casa Tres Patios, quien viene operando la red desde el 2012 a partir de la idea de construcción de modelos pedagógicos desde las prácticas y pensamiento artístico. C3P es un espacio artístico de prácticas contemporáneas, que en consecuencia con el contacto con la Red de Artes Visuales ha enfocado parte de su gestión a procesos artísticos con comunidades.

En este proceso encontramos que nuestro objetivo estaba más cercano a comprender la red en su lógica interna y particularidades para poder entender su papel y relación con las comunidades. Este es un proyecto que se ha construido en el tiempo, que ha requerido del trabajo continuado en diferentes en flancos para el establecimiento de redes y comunicación con las poblaciones de las comunas y sus realidades. Sin embargo, la sensación generalizada entre los actores de las diferentes instituciones es de desconexión entre las gestiones de cada operador.

Consideramos que gran parte de la desconexión está relacionada con la dificultad de construir un archivo de la red, tanto por las características de este tipo de procesos como por el hecho de que el material arrojado por cada proyecto ha sido archivado según criterios sumamente diversos y en algunos casos arbitrarios, en cada una de las instituciones que operaron la red. Por su parte la información almacenada en el archivo de la Alcaldía de Medellín, corresponde a la lógica de archivo administrativo en el que básicamente se guardaron informes de gestión y financieros, archivos administrativos que requieren ajustar sus criterios o construir unos nuevos para conservar una memoria de este tipo de procesos sociales y artísticos.

Este hecho de la falta de memoria del proceso plantea una necesidad de repensar la idea del archivo, pero sobretodo la sistematización desde la conceptualización del proyecto, respecto a la evaluación y comprensión de estos tipos de procesos, que justamente permiten analizar la consecución de objetivos referidos a la transformación social de las comunidades a través del arte.  

Sin embargo, esta sistematización generalmente se hace al final de los procesos y no desde la formulación de los mismos, y se construye desde el registro y las estadísticas de participación en los talleres, pero es necesario para el archivo y la memoria de cada territorio entender cuál es la problematización de las comunidades o las instituciones durante el periodo en el que se ejecuta el proyecto.

Esto plantea la necesidad de pensar cómo y bajo qué criterios se deben sistematizar los proyectos culturales y comunitarios y más importante aún para qué deben ser sistematizados y archivados.

Aquí la sistematización de estos procesos es fundamental ya que permite entender el proceso de los participantes como comunidad en su contexto y tiempo. No podemos quedarnos sólo con el registro de los procesos como si fueran productos de arte o como si se buscara reconocimiento o legitimación por una institución; estas prácticas desde el arte, pese a sus componentes creativos o sensibles, no son necesariamente objetos de exhibición, son parte del proceso que buscan en la mayoría de los casos sensibilizar o detonar reflexiones sobre unas temáticas propuestas.

El resultado de estos procesos es incierto. Son situaciones, relaciones, contextos, redes, posibilidades, movilizaciones, resistencias. Aquí la actividad curatorial juega un papel primordial; en la construcción de discursos.

La curaduría y la museografía en este caso deben pensarse más como una estructura flexible en constante proceso que posibilite lo transdisciplinar, que propicie espacios de encuentro y diálogo donde se aborden problemáticas comunes, es por esto que el formato expositivo (museografía) en este caso debe pensarse más como un espacio en constante construcción que da cuenta de un proyecto que ha ido evolucionando con el tiempo con diferentes miradas, modelos pedagógicos y participantes.

Este tipo de proyectos, que tienen lugar en el contexto o sitio específico, no se puede exhibir como algo ya configurado, el contexto se pone en acción a través de percepciones y experiencias que se traducen en contenidos simbólicos, plasmados en imágenes, acciones o instalaciones donde los diferentes públicos aportan miradas diferentes basadas en sus propias experiencias, es importante dar cuenta de la dimensión real de los talleres que se plantean al traducirlas al espacio museal y entender que los procesos son prácticas de sensibilización o de documentación, pues para percibir la obra en su dimensión real hay que estar en el contexto donde sucede.

Cumplir con el objetivo de visibilización de la Red De Artes Visuales de Medellín, hace indispensable contar la historia de la red desde las instituciones pero también desde sus comunidades a través de sus procesos, intentando hacer énfasis en los modelos pedagógicos a través de una activación participativa donde los visitantes comprendan las metodologías de la red y se sientan convocados.

El cierre de esta investigación transdisciplinar plantea una reflexión tanto conceptual como espacial que hace uso de los procesos llevados a cabo por la Red durante estos años, que genera un espacio de encuentro que abrió la discusión acerca las condiciones, objetivos, posibilidades tanto del proyecto como de sus de sus actores, alcaldía, operadores, instituciones educativas y culturales y comunidades, entre otros,  y sobre la consolidación de la Red de Artes Visuales de Medellín como proyecto de ciudadanía y su proyección a futuro.

Muestra Casa de la Cultura Ávila

Textos:

Jessica Rucinque

Adriana Rios Monsalve

Alexander Giraldo

Luisa Villegas

Laura Tobón E.